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miércoles, 4 de julio de 2012

¿España la mejor selección de la historia?


España es un gran equipo, el mejor de la actualidad, como demostró al vencer a Italia 4-0 en la final de la Euro 2012, en una noche inolvidable para los aficionados al fútbol.
Tanta fue su superioridad, tan fuerte su impacto en la opinión pública, que ya se habla (como parece inevitable en esta época de encuestas a la medida) de su lugar entre las mejores selecciones de la historia: los editores de medios quieren saber si España 2012 es mejor, por ejemplo, que Brasil 1970.

El tema es tan complicado, que se puede comparar con quién es mejor Messi, Maradona o Pelé

España, Brasil y el pasado

El primer argumento de quienes defienden la precedencia de esta España es que ha ganado tres torneos importantes en forma consecutiva, un dato interesante desde el punto de vista estadístico pero poco persuasivo para demostrar una superioridad indiscutible sobre otros grandes equipos.
España había sido un digno ganador de la Euro 2008, superando en semis a Italia por penales, tras un empate sin goles, y en la final a Alemania, 1-0, con un gol de Fernando Torres, que también marcó el domingo… para ser un goleador "acabado" el hombre todavía tiene bastante resuello.

También ganó con justicia el Mundial 2010, pero sin encender los ánimos: ganó en octavos a Portugal, en cuartos a Paraguay, en semis a Alemania y en la final a una Holanda trabajadora pero ordinaria… todos estos partidos con el mismo resultado: 1-0.

Y la trayectoria de España en esta Eurocopa de Polonia y Ucrania sólo alcanzó ese nivel utópico de "Brasil 1970" en esa maravillosa última jornada en Kiev, que todos recordaremos para siempre.

¿Es suficiente esto para colocar a esta España junto a los gigantes de la historia del fútbol? ¿No convendría considerar, antes, que Italia jugó con 10 hombres casi todo el segundo tiempo? ¿O que el equipo llegó a la cita con los dientes apretados, superando a Portugal en los penales, tras un 0-0? Brasil en México 1970, en cambio, ganó en cuartos 4-2 a Perú (el mejor Perú de la historia), en semis 3-1 a Uruguay y en la final 4-1 a una buena Italia, más experimentada y dotada que la del domingo.

Esa campaña de Brasil ha sido desde entonces la medida universal de la excelencia futbolística en la imaginación popular, que es la que rige este tipo de categorías que no pueden ser reglamentadas. El argumento de los tres torneos consecutivos no convence ni siquiera a los estadísticos, que podrían entonces señalar el triplete de Uruguay entre 1924 y 1930 (dos títulos olímpicos y uno mundial, consecutivos, sin contar tres Sudamericanos entre 1923 y 1926), o la maravillosa progresión de Brasil entre 1958 y 1970: tres mundiales en doce años, la cosecha dorada de la generación de Pelé.
(Es cierto, no fueron consecutivos, ¿pero es realmente tan importante que lo sean?)
En realidad, la abundancia y frecuencia de los títulos tiene una importancia relativa a la hora de atribuir grandeza a los equipos nacionales.

Hungría y Holanda

Dos de los equipos universalmente más admirados no ganaron los títulos que merecían: la Hungría de Puskas cayó ante Alemania Occidental en la final del Mundial 1954, y la Holanda de Cruyff, también ante Alemania, en el Mundial 1974.

En fútbol, la verdadera medida de la grandeza, la única admisible, es la capacidad para inflamar la imaginación y la emoción de los aficionados a través de las generaciones.
Atendiendo exclusivamente a los resultados, cabe anotar que entre 1950 y 1956 Hungría ganó 46 partidos, empató seis y perdió sólo uno… 2-3, ante Alemania, esa final del mundial 1954 en Suiza.
Hasta el llamado "Milagro de Berna", Hungría se había paseado por el torneo: en su grupo había goleado 8-3 a la misma Alemania Occidental; en cuartos superó a Brasil 4-2; en semis, 4-2 a Uruguay. Pero la gran hazaña de Hungría, que seguramente vale más que uno o dos títulos mundiales, fue su maravilloso asalto de 1953 a la poderosa Inglaterra, en su reducto de Wembley. Ese 6-3 en Londres es uno de los grandes hitos de la historia del fútbol, porque puso de cabeza al juego del fútbol y a la realidad tal como se la concebía entonces, algo que Hungría confirmó al año siguiente, cuando Inglaterra devolvió la visita y encajó un 7-1 que puso fin cualquier debate.

Los comentaristas europeos insisten en que los húngaros de hace 60 años inventaron el "9 retrasado", función desempeñada brillantemente por Nándor Hidegkuti y que ahora ha recogido Vicente Del Bosque (siguiendo el ejemplo de Pep Guardiola), pero en Sudamérica es sabido que Adolfo Pedernera cumplía la misma función en el River Plate de los años ’40.

El caso de Hungría pone sobre el tapete las verdaderas pautas de la grandeza de un equipo de fútbol, más allá de su éxito en el campo de juego: conmover estructuras, derribar mitos, proponer e imponer nuevos enfoques tácticos… y cautivar a los aficionados.

Lo mismo ocurrió con la Holanda de 1974, que cautivó a los aficionados de todo el mundo e instaló definitivamente al "fútbol total" de Cruyff y sus alegres camaradas como referencia histórica. El equipo nacional holandés sólo ganó un Europeo, en 1988, pero la falta de títulos no ha empañado el reconocimiento popular, que todavía recuerda con cariño a la Naranja Mecánica de 1974. El requisito de la aprobación popular es el obstáculo histórico que han encontrado los grandes equipos alemanes e italianos, que a pesar de numerosos títulos no tienen muchos admiradores fuera de sus fronteras.

Se tiende a olvidar que la Alemania que ganó el Campeonato Europeo de 1972 y frustró a Holanda en el Mundial 1974 fue el equipo de Beckenbauer, del gran Gerd Müller, de Maier, Breitner y Netzer. Si hasta pareciera que se le reprocha haber vencido a adversarios tan formidables como Hungría y Holanda en sendas finales, en vez de reconocerle el mérito.




Uruguay y el Río de la Plata

El Maracanazo, la victoria de Uruguay ante Brasil 2-1 en el último partido del Mundial 1950, también tiene los elementos para colocar a ese equipo de Obdulio Varela, Schiaffino y Ghiggia en la lista de los grandes: superó a un gran equipo en su propio reducto, un Brasil que había marcado 13 goles en sus dos partidos anteriores, 7 a Suecia y 6 a España.
Todavía hoy, después de todos estos años, alguien dice Maracanazo y todos saben de qué se está hablando, a pesar de que desde el punto de vista mediático (que en esto suele ser lo que importa), el Mundial 1950 está en la prehistoria virtual del fútbol, cuando las hazañas apenas tenían repercusión en Europa, la caja de resonancia que recoge y amplifica lo que "vale la pena" en fútbol.

Durante esa "prehistoria mediática", Uruguay y Argentina fueron los grandes dominadores del fútbol internacional, con los uruguayos imponiendo su mayor cohesión y disciplina para el juego asociado en torneos cortos, algo que requiere ese tipo de virtudes, que también tienen Alemania e Italia.
Pero los grandes equipos uruguayos y argentinos de los ’30 y los ’40 son totalmente desconocidos en Europa y por consiguiente no figuran en la memoria colectiva del aficionado internacional.

Desde La Naranja Mecánica de 1974 no hubo ningún equipo que concitara la admiración unánime de crítica y público: los pretendientes no cuajaron, como el Brasil de Sócrates y Falcao (1982), la Argentina de Maradona (1986), la Francia de Platini (1982-86) y la de Zidane (1998-2000). Hasta la España campeona de 2 Eurocopas y un mundial consecutivamente, claro está.

Lo que avala la grandeza de esta España no son tanto los resultados (que, ya hemos visto, fueron relativamente ajustados en su mayoría), como la introducción en la dialéctica futbolística de argumentos que los "modernos" creían superados, la habilidad, el pase corto, una desconfianza instintiva ante la fuerza y el tamaño, el respeto por el buen gusto y el placer antes que el dolor. Pues que el fútbol de España es más ballet que batalla campal, que rema contra la corriente de embrutecimiento paulatino de la práctica del fútbol, y esto, por sí mismo, crea una nueva corriente. Aunque esta corriente se agote en algún recodo, la memoria colectiva del público la recordará y agradecerá durante mucho tiempo.




Tomado de BBC

lunes, 2 de julio de 2012

España campeón de la Eurocopa 2012 ¿Cómo lo logro?

España es nuevamente campeona de Europa y logra lo que nunca antes ha sido capaz de conseguir otra selección: la triple corona.

Para llegar hasta aquí mucho se ha luchado, peleado y sufrido. Pero también se ha disfrutado. Este es, probablemente, el mejor combinado español de la historia.
Estas son las claves de la victoria de 'la roja' en Kiev. Las claves de la triple corona. Un hito que eleva a leyenda al grupo de Del Bosque.
- Casillas. Es, sin duda, el mejor portero del mundo. Siempre está cuando se le necesita y en esta Eurocopa lo ha vuelto a demostrar. La final solo ha sido la guinda del pastel. Los penaltis contra Portugal, parando uno en el momento más decisivo, le encumbraron a lo más alto. Es el 'capi' de la selección y el auténtico alma.

- Defensa. A pesar de las dudas generadas tras caerse Puyol por lesión, la defensa ha sido de garantías. Jordi Alba aparte, porque merece un capítulo para él solo, la pareja de centrales Piqué-Ramos ha sido prácticamente inexpugnable. Han hecho  un torneo casi perfecto. España no recibe un gol en eliminatorias desde el Mundial de 2006.
- Jordi Alba. La revelación de 'la roja'. Suya ha sido la banda izquierda, a la que se ha ido acomodando según avanzaba el torneo. Su gol en la final ha sido un reflejo de su trayectoria en esta Eurocopa. Tenemos lateral izquierdo para rato.
- Xavi e Iniesta. El primero, prácticamente desaparecido durante la Euro, resucitó en la final y tomó el testigo de Iniesta, que ha hecho la Eurocopa de su vida. Xavi fue el timón que necesitaba España en el momento más oportuno, en una final, y suyos fueron los pases imposibles en el segundo y tercer gol patrio ante la 'azzurra'. Iniesta, simplemente genial, sobre todo en la fase de grupos (como Alonso lo fue ante Francia en los cuartos).
- El 'falso nueve'. Si hay algo que se ha criticado en la selección ha sido la figura del 'falso 9'. Sea como fuere, es algo que ha dado resultado. Cesc ha sido uno de los protagonistas, con sus goles y su posición en el campo. El otro, Torres. El eterno debate en España. A pesar de no jugar siempre como titular, el madrileño se ha alzado con la 'bota de oro' de la Euro, con tres goles en total.
- Del Bosque. El salmantino ha sabido mantener la calma en el peor momento y cuando más críticas le llovían por sus probaturas y el discreto partido inaugural de 'la roja'. Además, ha acertado con todo. Con el 'falso nueve', con los cambios, con la apuesta firme por Alba y Arbeloa.

- Humildad. A pesar de haberlo ganado todo —o casi—, esta es una generación que no se cansa de triunfar. Y a pesar de ello, no pierde su estilo ni se olvidan de sus orígenes, de dónde vienen. Es un grupo llano, acostumbrado a tratasr con los medios y en los que prima el compañerismo, entre ellos y con los medios. Hay un feeling especial con la afición. Esta sí es la selección de todos.



Tomado de 20 minutos

viernes, 16 de julio de 2010

Fútbol, política y glamour, visto desde España

Vicente del Bosque, el seleccionador que hizo a España campeona del mundo de fútbol, había sido destituido anteriormente por el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, porque según dijo carecía de glamour, y pese a que en cuatro años había ganado dos copas de Europa, dos Ligas, y las supercopas de España, Europa e Intercontinental.

Florentino Pérez aparentemente no veía adecuado a ese señor grandote, gordo y tranquilo para dirigir a los Beckham, Figo, Zidane y otros galácticos del glamour, que es la ostentación de los nuevos ricos guapos y famosos.

Pero sin Del Bosque el glamouroso equipo de Pérez fracasó estruendosamente.
Cuando se antepone la imagen a la eficacia aparece la sabia fábula de Samaniego: Dijo la Zorra al Busto, después de olerlo: “Tu cabeza es hermosa, pero sin seso”.
Antes se reflexionaba en las escuelas con fábulas así, o con las de Esopo o La Fontaine, pero ahora no tienen glamour. Además, interesa más el sexo que el seso.

Y lo mismo que el Real Madrid cayó más por la ostentación que por la eficacia, Rodríguez Zapatero ha fracasado al buscar más la imagen que la capacidad.

Quiso hacer un gobierno paritario hombres-mujeres, cuando quizás un gobierno sólo de mujeres habría sido mejor, u otro sólo de hombres.

Sólo tenía que elegir los mejores, sin acepción de sexo. Pero, no, quería imagen de equilibrio, aunque la mitad de ellos y ellas fueran bobos.

No hace mucho justificó la destitución de César Antonio Molina como ministro de Cultura por su falta de glamour.

A cambio quiso poner a Miguel Bosé, pero finalmente nombró a una señora también ígnara, horrible guionista de cine, pero que sabe ponerse trajes de noche.

En su gestión ya ha convertido la joya mundial de la Biblioteca Nacional en un negociado de baja categoría.

Y así, con su glamour, van fracasando el Real Madrid y la pánfila gobernación de España.

No sería extraño que Z. quiera sustituir a Del Bosque por alguna señora glamourosa para sacarla en la revista Elle, como hizo con su serrallo de ministras.


Por:Manuel Molares do Val